La Academia

Posted by angua on Ene 13, 2005 in Relatos |

El dolor en mi brazo derecho era insoportable. Sentía como si miles de cuchillas cortaran mi piel, mi músculo y mis huesos cada vez que respiraba. Al abrir los ojos vi que estaba tendida en el suelo, la boca llena de polvo. Había otras junto a mí, la mayoría muertas. El recuerdo de que allí había tenido lugar una batalla sangrienta martilleó mi mente. ¿Conocía a aquellas chicas? Algo me decía que si, pero mi mente nublada por el dolor no conseguía descodificar las imágenes que llegaban a mis ojos. Recordé una voz de mujer diciendo “Muchas vais a morir… pero es nuestro destino”. Oí pasos, voces amortiguadas por mi propio dolor. Intenté incorporarme pero mi cuerpo no respondía. Los pasos se acercaron. Conseguí articular un quejido de dolor, y algo tapó la luz ante mis ojos. Me desmayé.

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Hay algo de locura en todos los héroes. Alguien que decide enfrentarse al mundo tal y como es para cambiarlo no puede estar en sus cabales. Pero la locura y la grandeza son en realidad dos caras de una misma moneda, inseparables la una de la otra.

Buffy Summers era una loca, o al menos eso decía todo el mundo. Incluso los que la admiraban y respetaban callaban cuando alguien hacía esa afirmación, como si no pudieran encontrar razonamientos para rebatirla. A mi, en cambio, siempre me pareció terriblemente cuerda, incluso más allá de la cordura. Buffy Summers sabía cosas, había visto cosas. Por eso era diferente.

En cierto sentido, me fascinaba tenerla como modelo. No tenía grandes amigas en la Academia. Es cierto que allí se fomentaba el compañerismo, la cooperación y la ayuda mutua, pero había algo en mí que tendía hacia la soledad. Mi costumbre de pasar largas horas sola, apartada de los demás, me había hecho merecedora de varias charlas con el Director. No era aconsejable que me gustara tanto la soledad, me decía. Cuando entrara en combate, iba a necesitar la ayuda de mis compañeras. No lo podía hacer todo sola.

Yo asentía. Y todo seguía igual.

Pero pese a mi tendencia a aislarme, lo cierto es que en la Academia me sentía parte de algo. No necesitaba la compañía de otras personas porque ya estaba acompañada. Esta en algún sitio, era importante, tan importante como podía ser cualquiera de las otras Cazadoras. Pero ya era algo más de lo que había sido antes de llegar a la Academia.

El Director Wood me tenía de nuevo en su despacho. Estaba sentado, mirándome fijamente, pero yo podía adivinar que se sentía atado. Quería moverse, pasear por la habitación, salir a la calle. Las cicatrices en su rostro demostraban que era un hombre de acción, y estaba segura que se sentía encerrado en aquella pequeña oficina. Pero conocía su posición y su deber.

- Dana, me han informado de que has vuelto a saltarte la salida semanal. – comenzó el Director, hojeando el informe que tenía sobre la mesa.

- No me apetecía salir a divertirme.

- Sabes bien que éstas salidas no son sólo de diversión. Es algo más. En la Academia intentamos crear un sentimiento de hermandad entre vosotras. Sois lo único que tenéis, las unas a las otras. – Con un suspiro, cerró la carpeta donde se encontraba mi expediente – Hemos tenido esta conversación miles de veces. Si tu actitud no cambia tendré que tomar medidas drásticas, aunque no es de mi gusto obligar a nadie a hacer nada.

- Si, señor.

- Dana, ten en cuenta que todo lo que os enseñamos aquí es por vuestro bien. Viniste aquí por tu propia voluntad. Eres especial, y tienes la oportunidad de compartir tus capacidades con el mundo. ¿Qué es más importante que aprender a relacionarte con tus compañeras?

- Estaba en la biblioteca – dije en voz baja, apenas un susurro.

- En la biblioteca – no era una pregunta. Parecía algo sorprendido.

- Estudiaba algunos de los códices nuevos que los de Recuperación trajeron el mes pasado. Quería saber más sobre ellos. Sobre nosotras. El señor Giles…

El Director Wood resopló.

- El señor Giles está encantado con que tú seas una rata de biblioteca. Dana, es bueno que te intereses por la parte teórica de tu trabajo. Pero vivimos tiempos difíciles, en los que es necesaria la acción. No luchas mal, tus informes en todos los campos son positivos. Pero parece que estás… más allá. Todos los profesores coinciden conmigo en que pareces estar lejos. Y eso no es bueno en combate.

- El señor Giles dice que las antiguas Cazadoras eran solitarias.

- Y morían. Apenas tenían una esperanza de vida de dos a cinco años desde que eran llamadas. Algunas incluso menos. Es la cooperación lo que nos hace fuertes.

Yo no dije nada. Sabía que estaba en lo cierto, pero por alguna extraña razón no me convencía.

- Prométeme que te tomarás más en serio las salidas sociales. No quiero perder a ninguna de mis chicas.

- De acuerdo, Director Wood.

Abandoné su despacho con la mirada baja. Los pasillos de la Academia estaban vacíos: todas las chicas estaban en el campo de deportes, en una de las pocas horas de descanso que teníamos. Seguramente estarían practicando jugando a algo, cualquier deporte que implicara contacto y la dosis justa de violencia. Yo prefería pasar mi tiempo en la biblioteca.

Me dirigí hacia la salida, hacía los gritos y la algarabía del exterior. Diez metros antes de llegar a la puerta, di la vuelta y seguí el cartel que indicaba “Biblioteca”.

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