A oscuras

Posted by angua on Feb 4, 2005 in Relatos |

Después del discurso de Faith, no conseguía conciliar el sueño. Sus palabras se repetían una y otra vez en mi mente, y era incapaz de conciliar el sueño. Mis compañeras de habitación, Nina y Chris entre ellas, dormían profundamente, agotadas por el entrenamiento intensivo. Si me concentraba lo suficiente, podía llegar a distinguir la respiración de cada una.

Habíamos trabajado mucho en ello. Saber captar dónde estaban nuestros enemigos sin necesidad de verlos era importante para una Cazadora, especialmente si se enfrentaba a una emboscada o a un ataque múltiple. El cielo estaba nublado y apenas entraba luz del exterior. Las sombras, que de pequeña me habían aterrorizado haciéndome creer que terribles monstruos se ocultaban en ellas para atacarme de improviso, no eran ahora más que pozos de oscuridad nada místicos.

Chris respiraba de forma inquieta, por lo que supuse que estaba teniendo uno de sus sueños. Nina me había contado que Chris se saltaba una hora de entrenamiento para aprender a controlar las consecuencias que los sueños le acarreaban. Un escalofrío recorrió mi columna y me acurruqué entre las mantas para entrar en calor. Una duda me perseguía desde aquella noche en la biblioteca, y no podía dejar de darle vueltas a la cabeza.

¿A qué nos estábamos enfrentando? ¿Cuál iban los profesores a informarnos de lo que estaba pasando, de cuando íbamos a tener que luchar y contra quién? Tal vez no nos lo querían contar para no asustarnos, pero a mi me preocupaba más la falta de información, ya que significaba que era algo que muchas no podríamos afrontar…

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Todas nos dirigíamos al gimnasio: nos habían dicho que el entrenamiento de aquel día se haría en el interior. Al llegar, pudimos comprobar que los ventanales del amplio gimnasio habían sido cerrados a cal y canto. En el centro de la estancia, un hombre vestido de negro nos miraba con semblante serio. Todas le reconocimos al instante.

- Mi nombre es Angel – dijo él, cuando todas estuvimos colocadas a su alrededor. – y soy un vampiro. Hoy voy a ser vuestro profesor. La clase de hoy se compondrá de una sola prueba, realmente muy sencilla. Mientras hablamos, los demás profesores se están encargando de cerrar puertas y ventanas con tal de que no entre un rayo de sol. Después saldrán del edificio y cerrarán con llave. Tendréis cinco minutos para desplegaros y esconderos, y yo saldré a cazaros. Está prohibido abrir las ventanas o forzar las puertas que estén cerradas con llave, a menos que queráis que me desintegre, y eso no le haría mucha gracia al Director Wood.

“Podéis quedaros quietas en un escondite o moveros por todo el edificio. Si os encuentro y capturo os dibujaré una C en la mano. C de cadáver. Una vez muertas, os reuniréis aquí, en el gimnasio. La prueba terminará en tres horas, y se calcularán vuestros tiempos. Y el reloj ya comienza a contar – dijo, mientras ponía en marcha un pequeño cronómetro. Todas salimos corriendo en diferentes direcciones.

Al salir al pasillo, creí quedarme completamente ciega. La oscuridad era total. Algunas de las chicas se organizaron en grupos, imagino que para facilitar la defensa en caso de que Angel las encontrara, pero yo decidí marcharme sola. Más de una persona sería muy evidente, nuestras respiraciones y el latido de nuestros corazones nos delatarían.

Corrí sin saber muy bien a dónde dirigirme, hasta que al final me encontré sola. Intenté abrir una puerta pero estaba cerrada con llave. No podía orientarme, nuestra salida masiva había sido demasiado precipitada para poder pensar. Eso fue mi primer error.

Pasé unos segundos con el corazón golpeándome con fuerza contra el pecho, respirando agitadamente, hasta que me di cuenta de que eso me convertía en una presa perfecta para el vampiro. Necesitaba relajarme, pero a la vez no podía quedarme quieta o sería como un bocadillo listo para comer. De acuerdo. Inspiré profundamente, haciendo más ruido del que deseaba, y apliqué todo lo que Rona, una de las Cazadoras que nos entrenaban, nos había enseñado sobre relajación. Centrarse en el yo interior. Agudizar los sentidos, tomar conciencia del propio yo…

De pronto supe exactamente dónde estaba y exactamente dónde quería ir. Doblé pasillos y bajé escaleras casi sin darme cuenta de lo que estaba haciendo. En alguna ocasión me crucé con compañeras que se escondían o huían. Al fin llegué ante dos puertas de madera maciza, las abrí y entré.

La biblioteca estaba completamente a oscuras, pero podría haberla recorrido incluso sin estar tan concentrada. Me dirigí hacia la estantería de hechizos de protección, y de un salto me agarré a una de las estanterías más altas, ocultándome en la parte superior del mueble.

Una vez escondida, comencé a plantearme qué hacer en caso de que Angel entrara. La estantería de hechizos de protección estaba lo suficientemente cerca de la puerta para oírla si se abría, ya que las puertas de la biblioteca habían crujido al abrirse desde el primer día, pero lo suficientemente retirada del pasillo principal como para no convertirme en un blanco centelleante a primera vista. Confiaba en poder sentir a mi atacante antes de que él me descubriera a mí. Si él se adentraba más en la biblioteca y me dejaba atrás, yo podría huir para ganar, al menos, un poco de tiempo.

Me concentré de nuevo, con la intención de captar los latidos de corazón de mi atacante cuando entrara… hasta que me di cuenta de una cosa.

Los vampiros no tienen pulso.

¡Mierda, mierda, mierda! Había sido una estúpida en no pensarlo antes. ¿Cómo se me podía haber olvidado algo tan básico?

Me congelé de terror cuando oí la puerta abrirse suavemente. No oí pasos, pero sabía que Angel tenía, como mínimo, doscientos cincuenta años más de entrenamiento en moverse sigilosamente que yo. No podía saber dónde estaba, ya que los nervios me estaban haciendo perder la concentración. Me esforcé en respirar al límite, en reducir mis pulsaciones hasta lo inaudible. No sabía cuando podría huir ya que no oía hacia dónde se dirigía Angel. Forcé mis sentidos, pero no oí ni un latido, ni un susurro. Pero mi sexto sentido me decía que había alguien en la biblioteca.

Arriesgándome, salté al suelo y corrí hacia la puerta. Cuando ya me creía a punto de llegar, algo saltó sobre mí derribándome al suelo y dejándome sin respiración por unos momentos.

Intenté debatirme, pero mi atacante me sujetaba con fuerza. Al fin conseguí desembarazarme de él y aunque no tenía tiempo de levantarme, me di la vuelta para por lo menos estar de cara a Angel y tener alguna oportunidad. Él volvió a lanzarse sobre mí. Sus manos eran como garras, que me sujetaban con fuerza. Le di un par de puñetazos en la cara, sintiendo las rugosidades del rostro del vampiro, pero no me soltó. Con rapidez, me inmovilizó contra el suelo y pude notar como gruñía y su boca se acercaba a mi cuello.

¿Iba a morderme? ¿No se trataba sólo de un entrenamiento? ¡Yo no había oído nada de mordiscos en el discursito del gimnasio! Me debatí aterrorizada, golpeando con brazos y piernas, pero el terror me hacía ser poco hábil. El vampiro seguía acercándose, las puntas de sus colmillos rozaban mi cuello y su larga melena me hacía cosquillas en la cara.

¿Larga melena?

De pronto, un estertor. La presa del vampiro se debilitó y una lluvia de polvo cayó sobre mí. Una luz tenue se encendió frente a mí.

- ¿Estás bien? – dijo Angel. Me tendió su mano izquierda. Yo asentí mientras le asía la mano y tomaba impulso para levantarme. Estaba cubierta de polvo de vampiro.

- ¿Quién era? – pregunté, cogiendo un pellizco de polvo de mi jersey.

- No sé. Parece que un vampiro se ha colado en la escuela, ¿pero por donde? Está toda cerrada a cal y canto, y si hubiera estado infiltrado entre nosotros alguien le habría descubierto. – me respondió, mientras registraba los alrededores. – le noté pasar cerca de mí por el pasillo, y supe que no era una de las chicas porque no oí su latido. Además su olor era… extraño. Tenía un extraño aroma a sal.

- ¡El desagüe! – exclamé, levantando más la voz de lo que me habría gustado. Continué en susurros. – En el sótano hay un desagüe, con un túnel que lleva hasta los acantilados que hay a menos de un kilómetro de aquí. Cuando la marea sube, se llena de agua de mar. Pero hay una enorme reja de hierro forjado, soldada al suelo. Un vampiro no es lo suficientemente fuerte para romperla.

- Eso significa que pueden haber más. Espera a que salga de la habitación y sal a avisar a los profesores. Yo voy a comprobar que ninguna chica haya resultado herida.

Cuando él se marchó, abrí uno de los ventanales de la biblioteca y salté al exterior. Caí justo junto a Lisa, la instructora, que me miró asombrada.

- Está prohibido salir del edificio.

- Había un vampiro en la escuela. Quiero decir… otro. Uno malo. Y puede que haya más.

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Se hizo una batida por todo el edificio. Alumnas y profesores recorrimos metro a metro el recinto sin encontrar a más intrusos. Al cabo de unas horas, nos reunimos todos en el gimnasio.

El Director Wood llegó el último, con el cuerpo inerte de una de mis compañeras entre sus brazos.

El Director Wood dejó a la chica suavemente sobre un banco, y todos pudimos ver quien era, ya que con el movimiento de la redada no habíamos podido notar que faltaba alguien. Luisa, una joven rubia de mi edad. No muy valiente, no muy buena luchadora, pero siempre riendo y haciendo bromas. Oí como algunas de las chicas, incluso de los profesores, sollozaban entre la multitud. Yo me sentía extrañamente fuera de lugar, como si realmente no estuviera viendo el cuello desgarrado de Luisa.

Los profesores comenzaron a dar órdenes. Se nos mandó que nos encerráramos en las habitaciones y repasáramos nuestros libros de texto. Ellos se reunirían para tomar las medidas pertinentes.

Mientras salíamos, Angel me detuvo.

- Estabas en lo cierto con lo del desagüe. Alguien había arrancado la reja, y la habían vuelto a colocar en su sitio para que no se notara. Es posible que no fuera la primera vez que alguien entra en el edificio.

Tras decirme aquello, se marchó. En ese momento tomé una decisión.

Entre en la Biblioteca, y encontré al señor Giles cogiendo algunos libros para la reunión. Él se quedó algo sorprendido al verme. Yo tomé aire.

- Señor Giles, quiero que me diga lo que está pasando.

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