En pie de guerra

Posted by angua on Feb 2, 2005 in Relatos |

Al día siguiente pasé un verdadero infierno para fingir que no había oído nada. Chris estaba silenciosa y taciturna, pero todos lo achacaron al cambio que suponía entrar en la Academia. Yo, en cambio, estaba nerviosa. Cualquier ruido, por pequeño que fuera, me sobresaltaba, y no paraba de mirar a mi alrededor como si en cualquier momento el Director o Giles fueran a gritarme delante de todo el mundo “¡Fisgona! ¿Qué hacías espiándonos?.

Pero no pasó nada de eso. Todo transcurría con normalidad, y eso me desquiciaba todavía más.

Después del desayuno todas nos dirigimos a nuestra primera clase, “Teoría demoníaca”. A todas las chicas les encantaba la clase menos a mí… y la razón para ambos comportamientos era Nigel Travers. Su padre, Quentin Travers, había sido el último director del Consejo, y había muerto junto a la gran mayoría de los Vigilantes quince años atrás en la explosión que destruyó las instalaciones de Londres. En aquellos momentos, Nigel estudiaba en Oxford, lo que le salvó de sufrir el mismo destino. Cuando se creó la Academia, Giles recorrió el mundo buscando a los Vigilantes que aún quedaban, y así fue como apareció Nigel Travers.

Para todas las chicas, la clase de “Teoría demoníaca” era una excusa para suspirar por el ondulado cabello castaño y los profundos ojos verdes del señor Travers. Para mí, era un aburrimiento. El noventa y nueve por ciento de la materia que dábamos en esa clase se podía encontrar leyendo los libros más básicos que había en la biblioteca. En ocasiones me sentía tentada de corregir pequeños errores que Nigel cometía, pero sabía que con mi historial no era lo más adecuado.

Como era de esperar, la clase era soporífera. Nigel Travers tenía la terrible costumbre de leer los textos demoníacos con una voz afectada y supuestamente viril, que hacía suspirar a todas mis compañeras. Yo, para no caer dormida sobre el cuaderno, me dedicaba a dibujar en las esquinas de las hojas. Chris, sentada junto a mi mirando al frente, parecía prestar atención, aunque yo sabía que aún no se había recuperado del terrible sueño de la noche anterior. Le había pedido que me contara todo lo que recordaba, pero cada vez que intentaba pensar en ello temblaba de forma incontrolada, y decía no recordar nada.

Justo cuando pensaba que la forma de luchar contra un demonio Fyarl iba a causarme un derrame cerebral, la puerta del aula se abrió dejando paso al Director Wood. Me incorporé de inmediato en mi asiento, sabiendo que algo iba a pasar.

- Buenos días, chicas. Disculpe, señor Travers ¿podría robarle durante unos minutos su clase?

Nigel Travers, algo molesto por haber dejado de ser el centro de atención, asintió sin mucho convencimiento. Cincuenta pares de ojos se clavaron en el Director.

- Como sabréis, ésta no es una Academia normal. Todas vosotras sois Cazadoras, elegidas para luchar contra los demonios que pueblan nuestro mundo. No es necesario que os explique la historia de vuestro legado, ya que todas sabéis que la situación en la que os encontráis es extremadamente inusual.

Un murmullo recorrió la clase. Todas conocíamos de memoria la historia de las Cazavampiros.

- Hace quince años fui testigo del nacimiento de la nueva generación de Cazadoras. Casi perecí en aquella batalla. Durante quince años, hemos formado a las nuevas Cazadoras que han aparecido en el mundo: vosotras. Ahora ha llegado el momento de otra gran batalla.

Mis compañeras comenzaban a removerse en sus asientos, inquietas, mirándose unas a otras sin saber qué pasaba. Yo, para mi sorpresa, estaba extrañamente tranquila.

- Las fuerzas del mal preparan algo terrible, aunque no sabemos exactamente el qué. De lo que si que estamos seguros es que se avecina una batalla que superará con creces a la de la Destrucción de la Boca del Infierno de Sunnydale. Y vamos a necesitar a todas las Cazadoras disponibles… eso os incluye a vosotras. A partir de ahora, estamos en pie de guerra. Se doblarán vuestras horas de entrenamiento. Os reduciremos el tiempo de esparcimiento y de estudio. Cazadoras de todas partes del mundo van a ir llegando a la Academia para recibir órdenes y trabajar con vosotras. Ya no seréis estudiantes nunca más: ahora sois Cazadoras en pleno derecho. No podemos prescindir de ninguna de vosotras.

La clase se convirtió en un caos de preguntas y exclamaciones de sorpresa. Sólo Chris, con el rostro oculto tras su larga cascada de cabello y yo permanecíamos en silencio entre el griterío de las demás.

- No os preocupéis. Se suspenden las clases por hoy. Todas las que lo deseéis podréis pasar por mi despacho para plantearme todas las dudas que os surjan. Mañana comenzaremos con el entrenamiento intensivo. Nada más.

El Director abandonó el aula, seguido de muchas de las chicas, que no acababan de comprender qué estaba pasando. Poco a poco el aula se fue vaciando hasta que sólo tres personas quedaron en el aula: Chris, yo y Nigel Travers. El profesor Travers, que parecía no haber sido avisado con antelación de la noticia a juzgar por su expresión de desconcierto, abrió la boca durante unos segundos como si fuera a preguntarnos algo, para recoger todas sus cosas y salir corriendo. Imaginé que se dirigiría a la biblioteca, a pedirle cuentas a Giles. Yo me volví hacia Chris, que seguía sentada en su pupitre como si nada hubiera pasado.

- Creo que eres la alumna que más rápido se ha graduado en la Academia. Felicidades.

————————-

Chris y yo sorteamos la larga cola de chicas que había frente al despacho del Director y nos dirigimos a nuestra habitación. Al entrar, Nina, una de nuestras compañeras, escondió su rostro en la almohada. Sin duda debía haber estado llorando.

Nina era una buena chica. Alegre, sonriente, siempre con una palabra amable para todos. Tenía el cabello de un rubio cobrizo, tan rizado que apenas podía pasarse un peine. Siempre vencía en todas las competiciones de velocidad, aunque no era de las chicas más fuertes de la Academia. Era la primera vez que la veía llorar.

- ¿Qué ocurre, Nina? – Me senté junto a ella, mientras Chris se quedaba en la puerta mirando la habitación como si fuera la primera vez que la veía en su vida.

- Nada – dijo ella, entre sollozos. Su voz amortiguada por la almohada sonaba tan triste que partía el corazón.

- Me lo puedes contar. Estamos todas metidas en esto. No es nada malo tener miedo.

Nina levantó el rostro de la almohada. Sus ojos castaños estaban anegados en lágrimas.

- No estoy preparada para una batalla, Dana, de verdad que no. Vamos… vamos a morir todas. Aún no hemos terminado nuestra formación.

Me senté junto a ella.

- Antiguamente las Cazadoras no recibían mucha formación antes de entrar en combate. Comparadas con ellas, hemos tenido mucha suerte.

- Pero… ¿y si no vuelvo a ver a mi familia nunca más? ¿Y si muero antes de poder despedirme de ellos?

- Nina, si no luchamos… ¿qué clase de mundo le va a quedar a tu familia?

Eso pareció tranquilizarla. Alzó la mirada y pude ver a la Cazadora brillando en sus ojos.

- Tienes razón, Dana.

En aquel momento, un terrible estrépito en el recibidor nos sobresaltó.

- ¡Intruso en el recinto! – la voz de una compañera resonó por los pasillos. Nina y yo saltamos de la cama y corrimos hacia el ruido antes siquiera de pensar en hacerlo. Chris se quedó en la habitación.

Un grupo de chicas estaba luchando contra un misterioso encapuchando en el recibidor. No parecían llevarle mucha ventaja, aunque ellas eran cuatro y él sólo uno. Nina corrió hacia el combate, pero yo me quedé en las escaleras. Algo me decía que el desconocido no era peligroso.

Nina salió disparada hacia el mostrador de recepción, y otras dos chicas cayeron al suelo al no haber podido esquivar una potente y ágil patada del desconocido. En ese momento noté que Chris estaba detrás de mí. Se acercó a mi oído y susurró algo que me hizo verlo con claridad.

- Es diferente. Tiene algo que los demás no tienen.

- ¡Alto!- grité con todas mis fuerzas. La batalla cesó, dos Cazadoras exhaustas en posición de combate, el desconocido con la capucha todavía ocultándole el rostro. Giles y Travers, atraídos por el ruido, acababan de llegar al recibidor portando sendas ballestas. – ¡Es un amigo!

Todos se detuvieron al oírme gritar. El desconocido levantó el rostro hacia mi y se apartó la capucha de la cara.

- Menudo comité de bienvenida me has organizado, Rupert. – dijo, con una voz profunda.

- No te esperábamos tan pronto, Angel.

———————–

Los profesores se habían reunido con Angel en la sala de reuniones. La sesión de dudas con el Director Wood había sido cancelada, y las chicas vagaban por los terrenos de la Academia sin saber muy bien a qué atenerse. Nina, Chris y yo continuábamos en las escaleras: Yo estaba curándole a Nina un corte que se había hecho en la frente durante la pelea con Angel, y Chris, algo más animada, nos miraba entre intrigada y sorprendida.

- Sabes mucho de primeros auxilios – me dijo en voz baja y algo ronca. Seguramente estaba comenzando a resfriarse.

- Todas sabemos. Es obligatorio aprender a curar las heridas de batalla más comunes: desinfectar y cerrar cortes, entablillar miembros rotos, incluso algo de cirugía de urgencia, como coser heridas.

- Preferiría tenerte al lado si tenemos que enfrentarnos a algún demonio místico… – dijo Nina, con una mueca de dolor. – ¿Es necesario que la cura duela más que la herida en si?

Ambas nos echamos a reír. Chris sólo sonrió, pero era un paso. Cuando la herida de Nina estuvo convenientemente desinfectada, decidimos salir a tomar el aire un rato. Incluso a mí, que disfrutaba de cada momento que pasaba entres las cuatro paredes de la biblioteca, se me estaba cayendo el edificio encima.

Mientras nos dirigíamos al campo de deportes, con Chris siguiéndonos sin pronunciar palabra, noté que Nina no dejaba de mirarme.

- ¿Qué pasa?

- ¿Cómo podías saber que era Angel el intruso? – preguntó Nina.

- ¿Qué? ¡Ah!. Chris me lo dijo. Creo que lo había soñado, o algo.

- ¿También te dijo lo que iba a pasaren clase? Porque cuando el director Wood nos lo contó no parecías muy sorprendida.

Aquello me pilló desprevenida. Nina era una buena alumna y una gran Cazadora (o Cazadora en prácticas), pero nunca había demostrado ser excesivamente perceptiva. ¿Tanto se me había notado que conocía y esperaba la noticia que había revolucionado al resto de mis compañeras?

Confiaba en Nina. No éramos grandes amigas, pero no la creía capaz de traicionar un secreto. Llegamos al campo de deportes, donde algunas chicas jugaban a fútbol. Chris, sorprendentemente, se unió a ellas. Nina y yo nos sentamos en las gradas: ella estaba esperando que le contara algo.

- Ayer por la noche Chris tuvo un sueño. La encontré aquí, en medio de la lluvia, en estado de shock. Cuando volvimos a entrar en la Academia, por la ventana de la biblioteca, oímos a Giles y al Director discutiéndolo. No se lo digas a nadie o me meterás en un lío.

- No te preocupes, no diré nada.

Chris estaba disfrutando con el juego. El deporte entre Cazadoras tenía un componente más violento y agresivo que el deporte normal. La pelota salía disparada a velocidades peligrosas para la integridad de un humano normal, pero la fortaleza de las Cazadoras las protegía de heridas importantes. Viéndolas jugar, cualquiera diría que mis compañeras se proponían terminar con los demonios a balonazos.

En ese momento, viéndola reír casi por primera vez desde que había llegado, noté que Chris era mucho menor de lo que aparentaba. El pelo ocultándole la cara y el excesivo maquillaje que llevaba el día anterior la hacían parecer mucho mayor, pero seguramente no tendría más de quince años. Dos menos que yo. En ese momento se me hizo patente lo que había venido sintiendo desde que Lisa la había puesto a mi cargo: iba a tener que proteger a esa niña.

De pronto sentí una sensación extraña, la misma que la noche anterior cuando me había despertado para ver que Chris no estaba en su cama. Me levanté y corrí hacia el campo en el mismo instante en que Chris caía de rodillas al suelo. Todas las demás chicas se quedaron paralizadas, sorprendidas por el repentino ataque de Chris, y yo llegué junto a ella. Esperaba encontrármela como la otra noche, inmóvil y temblorosa, con la mente perdida en sus ensoñaciones, y por eso me sorprendí cuando me miró con unos ojos perfectamente conscientes.

- Dana, ya lo recuerdo todo.

Todas las chicas seguían quietas, mirándonos con curiosidad. Todas menos una: Isis, una muchacha negra que había entrado en la academia al mismo tiempo que yo, pero a la que apenas conocía. Isis ayudó a Chris a ponerse en pie, y nos acompañó hasta las gradas. Chris, aunque parecía completamente lúcida y mucho más despierta de lo que había estado desde que llegó, apenas podía caminar por su propio pie. Una vez en las gradas, Isis se dispuso a marcharse, pero Chris la retuvo sujetándola por la manga.

- Quédate. Es importante que lo sepas.

Isis, intrigada, se sentó junto a nosotras. Nina también se acercó al grupo, mientras las demás chicas continuaban jugando.

- Va a tener lugar una terrible batalla – comenzó Chris, tomándonos a todas por sorpresa por lo directo de sus palabras – no va a ser pronto, pero ya se está gestando. Todas estáis comenzando a tomar posiciones en ella, aunque todavía no os hayáis dado cuenta. En mis sueños, veía a muchas chicas sumergidas en lodo hasta el cuello. Hasta que llegué aquí no supe que erais vosotras. Todas tendréis que llevar a cabo misiones importantes, pero todavía no estoy segura de cuáles serán. De lo que si que estoy segura es de que muchas moriremos. Cada noche veo muertes en mis sueños, pero aún no logro distinguir las caras.

Noté que el vello de mis brazos se erizaba. Sabíamos que existía la posibilidad de que muriéramos, pero un sueño ya era algo más serio… miré a Nina, que se tapaba la boca con las manos, y a Isis, que observaba a Chris con una expresión terriblemente seria en su rostro.

- Lamento tener que deciros esto, pero no depende de mi. Sabéis que los sueños de las Cazadoras se cumplen.

- Yo me los he tomado siempre como una sugerencia más que como una profecía – murmuró Nina. Desde el discurso de Wood de la mañana había estado luchando con la idea de la muerte prematura. Como todas

- Aún falta para la batalla – dijo Isis, notando el decaimiento general e intentando levantarnos los ánimos. – y bueno, desde el momento de convertirnos en Cazadoras ya sabíamos que lo de la muerte venía incluido en el pack. No es algo que sea nuevo para nosotras.

Sonreí. Isis era una chica de pocas palabras, todo lo contrario de la explosiva Nina, pero transmitía una calma especial, una sensación de serenidad y de que junto a ella, todo iba bien. Lamenté no haber pasado más tiempo con ella en aquellos dos años.

- Bueno – dije yo, levantándome – creo que deberíamos dejar las profecías de muerte y destrucción para otro momento e ir a comer algo… mi estómago va a comenzar a devorarse a sí mismo si no como algo rápido.

Mi propuesta fue aceptada con entusiasmo, y las cuatro nos dirigimos hacia el edificio. En aquel momento me pareció ver algo… tal vez un destello de sol, o una ilusión óptica creada por mi cansado cerebro, pero juraría que ví un haz de luz que nos entrelazaba a unas con otras.

————————-

Durante la comida, el director Wood nos había dado permiso para salir al pueblo y pasar una última noche de diversión antes del entrenamiento intensivo. Nos informó también de que durante muchos meses iba a haber una gran cantidad de entradas y salidas en la Academia. Aquello iba a ser un hervidero.

Yo no era muy amiga de las salidas al pueblo… que significaban pasar un par de horas en una pequeña discoteca. Siempre que podía me escaqueaba de aquellas salidas que a mi me parecían tan aburridas y poco fructíferas, pero después de los sucesos que habían tenido lugar durante los dos últimos días pensé que sería una buena idea salir un rato y despejarme.

El encargado de “vigilarnos” era Nigel Travers, aunque parecía que no le hacía demasiada gracia. Supuse que le habían encargado la tarea para alejarle de las reuniones verdaderamente importantes… sabía lo que Giles opinaba de Nigel: que no era más que un niñato prepotente y estirado, y que sus conocimientos sobre el mundo demoníaco eran claramente insuficientes para dar clase. No me extrañaba nada que le hubieran apartado de las reuniones nocturnas con Angel, en las que seguro que se estudiaria más a fondo el problema que se nos presentaba.

Lo cierto es que la noche no fue tan mala. La música no era excesivamente machacona, y entre nosotras había una necesidad de diversión que desembocó en una extraña camaradería. Me sorprendí pensando si era aquello lo que sentían los soldados antes de una batalla. Bailamos durante horas, reímos, nos divertimos, y pasamos un buen rato con Nina e Isis, que parecían sentirse ligadas a nosotras. Era la primera vez que me sentía tan parte de un grupo, y aquello a la vez me emocionaba y me descolocaba.

Algunas chicas coqueteaban con los muchachos del pueblo, bajo la mirada reprobadora de Nigel. Para los habitantes de aquel lugar, nosotras éramos alumnas de un internado para estudiantes extranjeras.

Tras varias horas de baile casi ininterrumpido, me disculpé ante mis nuevas amigas y fui a sentarme en una mesa para disfrutar tranquilamente de mi refresco. La voz de Nigel Travers me sobresaltó.

- No entiendo qué placer encontráis los jóvenes en saltar en lugares abarrotados al ritmo de éste… ruido.

Por un momento mi mente ideó una respuesta mordaz e hiriente… pero Travers, aunque era un verdadero capullo, seguía siendo un profesor, así que me limité a sorber con fuerza mi refresco a través de la pajita.

- ¿Cómo se le ha podido ocurrir al director permitir esto? Lo que necesitáis las Cazadoras es disciplina, no diversión. No creo que efectuar éstos bailes frente a vuestros enemigos sea de gran ayuda.

- Podría ser una buena estrategia de distracción – murmuré yo, mientras veía como Isis y Chris saltaban cogidas de los hombros al ritmo de una canción especialmente movida.

- Intolerable. – continuó él. Luego me miró – tú eres Tireen, ¿verdad?. Aldana Tireen. La chica de la biblioteca.

- Si – murmuré. ¿Chica de la biblioteca? ¿Qué había querido decir con eso?

- El señor Giles habla maravillas de ti. Está encantado de que te apliques tanto a los libros… ¿por qué no participas más en mi clase?

Buscando una escapatoria, miré instintivamente mi reloj, lo que hizo que él mirara el suyo y se diera cuenta de que la hora de marcharse se acercaba.

- Voy a avisar a las demás, es hora de que volvamos a la Academia.

Las caras de decepción de las chicas cuando Nigel las fue llamando para marcharse eran todo un poema. Cincuenta chicas malhumoradas salieron del local, y caminaron con pocas ganas hasta el autobús escolar aparcado en un callejón cercano. Me fijé en que no había luna, lo que hacía que las estrellas brillaran más de lo normal. Iba tan ensimismada mirando el cielo que choqué con la chica que iba frente a mi, que había frenado en seco.

- ¿Qué ocurre? – dije, mirando al frente. Mi garganta se cerró de terror cuando me fijé en las figuras de cuatro hombres que se habían situado frente al grupo. Hombres era un decir, ya que aquellos seres nos sacaban casi medio cuerpo a la mayoría de nosotras y tenían músculos que ningún hombre podía desarrollar.

Con un grito, los seres se lanzaron hacia nosotras. Nosotras nos pusimos en posición defensiva. No llevábamos armas. Yo me coloqué frente a Chris y le dije “No te alejes de mí”. Unos segundos después, caí al suelo inconsciente.

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