Guía
Una tarde de mediados de semana, mientras observaba desde las gradas como las demás jugaban un partido de rugby en el embarrado campo de deportes, una de las Instructoras se acercó a mi. Apenas la conocía, aunque gozaba de gran fama entra las otras chicas. Era una Veterana de la Boca del Infierno, aunque jamás lograba recordar su nombre.
- ¿Aldana? – me preguntó, apartando de su rostro un rebelde mechón rubio. Yo asentí sin decir nada – Acompáñame. El Director Wood me ha encargado una tarea para ti.
Suspiré fastidiada. Al parecer, los esfuerzos que había hecho por aparentar que realmente me estaba integrando en el grupo no habían dado resultado. Wood era demasiado listo para mí. Me levanté, saludé a un par de chicas que agitaban la mano en mi dirección y seguí a la Instructora. Lisa. Se llamaba Lisa.
Lisa entró en la Academia, y yo la seguí. En uno de los bancos que se alineaban contra la pared del recibidor había una chica. Tendría más o menos mi edad. Llevaba el largo cabello suelto, prácticamente ocultaba su cara. Su ropa no estaba en muy buen estado. ¿Era una chica nueva? Hacía tiempo que no llegaba ninguna Cazadora nueva… Cuando levantó la vista al oírnos entrar, pude ver que llevaba los ojos prácticamente rodeados de maquillaje oscuro. Al verme, durante un segundo, pareció sorprenderse.
- Aldana – comenzó Lisa – ésta es Chris. Es nueva aquí. Hemos pensado que sería recomendable que la guiaras en sus primeros días en la Academia.
Genial: el Director Wood había decidido que me zocializara a las buenas o a las malas. Musité un “hola” más de compromiso que otra cosa. Chris no abrió la boca. Lisa revisó el informe que llevaba entre las manos.
- Chris se alojará en la habitación D. Creo que es allí donde estás tú también, ¿verdad?. Perfecto. Esta tarde no hay clases, así que tómate todo el tiempo que necesites para enseñarle las instalaciones. La cena es a las ocho – dijo, dirigiéndose a Chris – espero que te encuentres a gusto aquí.
Lisa se marchó con un golpeteo de tacones, dejándonos sola. Chris y yo nos observamos mutuamente.
- Te he visto en un sueño.
- ¿Ah si? No debe haber sido un sueño muy agradable entonces. Sígueme, te llevaré a nuestro cuarto.
Chris levantó sin mucho esfuerzo el pesado macuto de la escuela que alguien le había entregado: no parecía tener ningún tipo de efectos personales. Caminamos en silencio. De reojo, pude observar que cuando el pelo no le tapaba la cara era realmente guapa. Incluso con el maquillaje negro. Era muy delgada, y un buen palmo más baja que yo. Había algo en sus ojos que me inquietaba. Su cabellera castaña le llegaba hasta la cintura.
- ¿Hace cuanto que lo sabes? – pregunté mientras subíamos las escaleras.
- Un par de meses. Mandé a un tipo al hospital por querer aprovecharse de mí mientras dormía. Estuve unas semanas en un centro de menores hasta que el Sir Francis Drake me encontró.
- ¿Xander Harris te encontró? Vaya, eso es suerte. A mi me encontraron hace dos años, pero no fue nadie famoso.
Chris resopló, como si no le pareciera tan importante. ¡Pero lo era! Xander Harris era un mito, había leído infinidad de historias sobre él. Llegamos ante la puerta de la habitación.
- Bueno, éste es nuestro cuarto. Habitación D. Seis camas. La tuya es esa – dije señalando una de las literas inferiores. – Puedes guardar tus cosas en ésa cómoda.
Mientras ella se instalaba, yo me senté en mi cama en silencio. No parecía muy habladora. El Director Wood había acertado plenamente al encargarme que fuera la guía de esa chica.
Cuando Chris terminó de guardar las ropa que la Academia le había facilitado, se sentó en su nueva cama, frente a mí, mirándome fijamente a los ojos.
- ¿Sabes qué significa tu nombre?
- No. Me lo pusieron por mi abuela. Es un nombre muy común en mi familia.
- La de larga vida. Es un buen presagio, aunque un tanto irónico siendo quién eres.
- ¿Qué hacía en tu sueño? – pregunté. No había dejado de pensar en eso desde que me lo dijo.
- No estoy segura. No son muy claros. Principalmente hay gritos y sangre. Y garras. No suelo ver gran cosa, pero tú apareces claramente en muchos de ellos. Imagino que estábamos destinadas a encontrarnos.
- ¿Quieres que te enseñe la Academia?
- Me muero de ganas – dijo ella, con un tono irónico. Luego sonrió. Era extraña, no cabía duda. Pero me caía bien.
—————
Aquella noche, durante la cena, Chris causó un gran revuelo. Todas las chicas querían conocerla, y ella a penas pudo comer nada, ya que la acribillaron a preguntas. Hacía tiempo que ninguna Cazadora llegaba a la Academia. Posiblemente, habían dejado de ser llamadas. Desde la Llamada de Willow, cuando todas las jóvenes con potencial para ser Cazadoras habían despertado, cada año aparecían nuevas chicas. Los últimos tres años la cantidad de nuevas Cazadoras había descendido en picado, y hacía como mínimo seis meses que ninguna había sido llamada. La aparición de Chris era, pues todo un hito. Tal vez fuera la última Cazadora en despertar… hasta que otra muriera.
Claro, que ahora todo aquello de la muerte era diferente. Antes, para que una Cazadora despertara, otra tenía que morir. Existían las Potenciales, jóvenes con el poder latente. Cualquiera de ellas podría convertirse en Cazadora en cualquier momento, pero sólo una entre cientos lo lograba. El Consejo entrenaba a las Potenciales, las preparaba para enfrentarse a la pequeña posibilidad de que fueran elegidas. Incluso así, muchas Cazadoras fueron llamadas entre las Potenciales a las que el Consejo no había logrado encontrar.
En la Batalla de la Boca del Infierno, la poderosa bruja Willow liberó la esencia de la Guadaña, despertando a todas las Potenciales. Fue algo espectacular. Durante años, las jóvenes que tenían el potencial, despertaban al llegar a la pubertad. Pero ahora no había Consejo para “controlarlas”, así que los supervivientes de la Batalla tuvieron que arreglárselas como pudieron… y así nació la Academia.
No puedo negar que se me contagió parte de la excitación que desprendían mis compañeras. Me sorprendí a mi misma participando en algunos corrillos de chicas que comentaban la llegada de Chris. El Director Wood pasó un par de veces por mi lado y pude ver en su rostro una mirada de satisfacción. Los profesores nos dejaron ir a dormir más tarde de lo normal: también era un día especial para ellos. Al final caímos todas rendidas en nuestras camas.
Me desperté en mitad de la noche, sin ningún motivo aparente, pero con el corazón desbocado. Algo pasaba. Tenía un presentimiento extraño… no, no era exactamente un presentimiento. Tampoco un sueño, ya que yo no era especialmente propensa a los sueños proféticos de las Cazadoras. Era otra cosa.
Enseguida noté que la cama de Chris estaba vacía. Ninguna de las otras se había despertado. Me levanté silenciosamente y metí la mano bajo las sábanas: estaban frías. Chris no podía haber ido al baño: había abandonado su cama hacía rato. Fuera estaba lloviendo.
Salí de la habitación lo más sigilosamente posible, cerrando la puerta detrás de mí. Rápidamente, revisé los baños de la Academia. Chris no estaba allí. No estaba tampoco en ninguna de las aulas. Comencé a ponerme nerviosa. Fuera llovía cada vez con más fuerza.
Algo me decía que encontraría a Chris en el exterior… pero a la vez sentía un extraño terror a salir fuera. Con el corazón saltándome en el pecho, me dirigí hacia la biblioteca, abrí uno de los grandes ventanales y salté al exterior. Me encargué de dejarlo abierto lo suficiente para poder volver a entrar desde fuera pero sin que la lluvia entrara en la biblioteca. Corrí bajo la lluvia, sin saber muy bien hacia donde me dirigía. Mis pies me llevaron al campo de deporte. Chris estaba en el centro de la explanada, la lluvia formando barro a sus pies, su larga cabellera como una cortina, pesada y espesa. Ella simplemente estaba allí, de pie, sin mirar a ningún sitio en concreto.
Me acerqué a ella y le puse la mano en el hombro, suavemente.
- ¿Chris? – dije. Mi voz sonaba amortiguada bajo el rugido atronador de la lluvia.
Ella me miró como si jamás me hubiera visto antes.
- He visto la muerte.
Pese a que su rostro estaba empapado, pude adivinar que había estado llorando. Le pasó el brazo por los hombros y la obligué a caminar hacia el edificio. Ambas estábamos completamente empapadas.
- Vamos dentro, te vas a resfriar.
Volvimos a entrar por la ventana de la biblioteca. Enseguida se formaron enormes charcos de agua a nuestros pies. Miré todo aquello fastidiada: alguien se iba a dar cuenta de que habíamos salido en plena noche, y aunque no supieran que habíamos sido nosotras, seguramente investigarían. Y se preguntarían por qué nuestros pijamas estaban empapados cuando no era día de colada.
Dejé a Chris en la biblioteca, haciéndole prometer que no se marcharía, y me dirigí a los vestuarios del gimnasio. Cogí un par de toallas grandes y aproveché para secarme y ponerme ropa seca del montón de la plancha. Cogí también algo de ropa para Chris, y una tercera toalla para borrar el rastro hasta la biblioteca. Escurrí todo lo que pude mi pijama y lo colgué en mi taquilla, ya que el día de lavar la ropa no era hasta el viernes. Por suerte, mi pelo corto ya había dejado de gotear.
Volví a la biblioteca y obligué a Chris, que aún parecía estar en shock, a secarse y vestirse de nuevo. Mientras, yo borré los rastros de agua que habían quedado en la biblioteca.
Justo cuando estábamos a punto de marcharnos, oí como se abría la puerta de la biblioteca. Mi corazón se paró. Hice que Chris me siguiera en silencio y nos escondimos en una de las zonas más oscuras y recónditas de la biblioteca, que conocía como la palma de mi mano. Oí aterrorizada como dos personas se acercaban al lugar donde estábamos escondidas, discutiendo en voz baja. Por un momento pensé que nos encontrarían, pero se detuvieron a un par de estanterías de distancia. Oí como cogían un libro y lo hojeaban.
Eran Giles y el Director Wood.
Me esforcé en escuchar su conversación. Parecían nerviosos, enfadados o ambas cosas a la vez.
- Giles – decía el Director. – No están preparadas. Tenemos muchos efectivos desplegados en todo el mundo. Hagamos un llamamiento total, que todas abandonen sus puestos y se reúnan aquí.
- No van a ser suficientes, Robin. Vamos a necesitar a todas las Cazadoras que puedan empuñar un arma.
- No quiero volver a pasar por eso. En Sunnydale llevamos a chicas poco preparadas al combate…
- ¡Y ganamos! – exclamó Giles, exultante.
- Pero tuvimos demasiadas bajas. Giles, si como tú dices Sunnydale fue un juego de niños comparado con lo que va a ser esto, tendremos muchas más. Y no quiero perder a chicas porque no las he enseñado lo suficiente para que sobrevivan. No puedo.
- ¿Sabes cuantas veces tuve que enviar a mi Cazadora inexperta a una muerte segura? Cientos. Sé como te sientes, Robin. Sé que tu corazón está destrozado, que has llegado a amar a estas chicas como si fueran tus hijas. Pero no lo son. Son Cazadoras y tienen una misión.
- Son tan jóvenes…
- Siempre lo son.
Hubo un momento de silencio. Un pasar de páginas.
- Aquí está – dijo Giles. – Esto es lo que Buffy necesitaba. Cuando termine de atar algunos cabos, vendrá aquí. No creo que tarde más de dos meses, quizá tres. Llamaremos a todas las Cazadoras disponibles. En pocas semanas esto va a ser un hervidero.
- Como en los viejos tiempos.
- Asegúrate de preparar a las chicas. Dobla las horas de entrenamiento si hacen falta, porque van a tener que luchar. Una sola Cazadora puede decidir el destino del mundo.