Sueños y consejos
En mis sueños había una puerta de luz. Miraba mis manos y estaban teñidas de sangre. Yo misma estaba de pie sobre un enorme lodazal de sangre. Una silueta oscura se recortaba contra la puerta. Yo intentaba caminar hacia la puerta pero el barro formado con sangre me impedía avanzar. La persona que se erguía ante la puerta me miró y me dijo “El deber de una Cazadora está por encima de todo”, y yo comprendí que sabía lo que decía.
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Me desperté sintiéndome extrañamente descansada. Estaba en la enfermería de la Academia, rodeada por muchas de mis compañeras que también habían resultado heridas en la batalla. No me dolía la cabeza, donde me habían golpeado. Al ver que me incorporaba, la enfermera vino hacia mi.
- Vaya, al fin despiertas.
- ¿Al fin?
- Llevas dos días inconsciente. Te dieron un buen golpe en la cabeza… pero parece que te has recuperado perfectamente. Nunca dejaré de sorprenderme de vuestra capacidad de recuperación.
- ¿Cómo están las demás?
- Nada grave, algunas fracturas y contusiones. Ninguna baja. Al parecer los que os atacaron, fuesen lo que fuesen, no pretendían mataros.
- Un equipo de reconocimiento. Para comprobar nuestras capacidades – murmuré. La enfermera simplemente sonrió y se marchó a atender a otra chica. Aún llevaba la ropa de la noche de la batalla, así que decidí ir a mi cuarto a cambiarme.
Los pasillos de la Academia eran un hervidero. Al parecer, algunas de las Cazadoras destinadas a lugares cercanos habían llegado ya a la Academia. Recordaba a algunas de ellas, de mis primeros meses de estancia allí. Me dirigí con paso ligero a mi habitación: si no fuera por la evidencia de haberme levantado en la enfermería, no creería al que me dijera que habia estado inconsciente dos días.
No había nadie en el cuarto, así que me di una larga ducha y me puse ropa de entrenamiento, cómoda y limpia. De vuelta en la habitación, busqué bajo mi colchón y saqué un cuaderno manoseado: el mayor secreto que tenía en aquel lugar: mi diario.
Había comenzado a escribirlo cuando me enteré de que era costumbre entre los Vigilantes llevar un diario de su experiancia como tutores de las Cazadoras. Devoré los pocos ejemplares que Giles había conseguido recuperar, y el suyo propio. Los relatos de aquellas mujeres fuertes, poderosas, solitarias y terriblemente jóvenes me parecieron incompletos. Muchos de los Vigilantes habían llegado a conocer a sus Cazadoras, pero muchos otros no lo habían logrado, y en consecuencia sus relatos se me aparecían terriblemente incompletos.
En ese momento pensé que sería mejor conocer la vida de una Cazadora a través de la Cazadora misma… y comencé a escribir el diario. En ocasiones me parecía una tontería… ni siquiera era una Cazadora “oficial”, todavía estaba en entrenamiento. Si hubiera sido elegida antes de la Llamada de Willow, habría sido una Cazadora en todo derecho desde el mismo momento en que hubiera recibido mis poderes, pero las cosas ahora eran distintas. Nos enfrentábamos a un enemigo más grande y poderoso de lo que ninguna Cazadora antigua habría podido afrontar.
Pero me fascinaban sus vidas. Su fragilidad y su valentía. Ahora éramos muchas, apenas especiales. Antes, el destino de la tierra dependía de una sola persona, y ahora éramos tantas las que nos repartíamos la dura tarea que corríamos el riesgo de olvidar nuestra verdadera misión. Por eso me aislaba de mis compañeras, al menos hasta que llegó Chris. Por eso quería estar sola, estudiar. Para no confiarme. El Director Wood decía que nuestra unión era nuestra fuerza… y yo pensaba que a la vez, era también nuestra debilidad. Pensar que podíamos fallar ya que siempre habría junto a nosotras una compañera que nos apoyaría, nos hacía débiles.
Mientras escribía en mi diario el sueño que había tenido (el primero en años), oí voces y risas que provenían del pasillo. Rápidamente volví a esconder el diario y me senté en la cama. Nina, Chris e Isis entraron en la habitación, y no pudieron evitar una exclamación de sorpresa al verme allí. La tres me rodearon, exigiéndome que les contara como estaba.
- Bien, imagino. No recuerdo mucho, pero me encuentro de maravilla.
- Te dieron un golpe en la cabeza – dijo Chris, con una expresión bastante más alegre de lo que había visto en sus primeros días. Su tono de voz era algo nasal, como si estuviera congestionada. Seguramente se habría resfriado a causa de su pequeña escapada nocturna de hacía una… no, tres noches ya.
- Si, eso es lo que me dice todo el mundo. ¿Pero qué pasó en el pueblo?
- Oh, no gran cosa – dijo Isis, sentándose junto a mi. – Hubo una pelea, pero no duró ni cinco minutos… eso si, aquellos demonios lesionaron a la mitad de nosotras. Unas verdaderas bestias. Y luego se marcharon sin más… si hubiéramos tenido armas… les habríamos machacado.
Me fijé en Nina, que llevaba un brazo vendado y un moratón en el pómulo izquierdo. Como en la escalera con Angel, ella había sido de las primeras en llegar al combate. El corte de su frente parecía mejorar. Sólo en ese momento, me fijé en que todas llevaban ropa de deporte y que chorreaban sudor.
- ¿Cómo están siendo los entrenamientos? – pregunté, curiosa.
Nina se dejó caer en su cama, soltando un sonoro soplido.
- Horrible… no hemos parado en éstos dos últimos días. Las instructoras se han vuelto locas. Hasta el Director Wood nos está entrenando. – dijo, con voz cansada. La Nina sonriente de unos días atrás parecía imposible en aquel rostro derrotado.
- Es muy bueno con los cuchillos. Dicen que su madre era una Cazadora – añadió Chris, que parecía agotada pero feliz.
- Lo era. Lo leí en un libro… Nikki, de Nueva York. La mató un vampiro.
Por supuesto, yo sabía qué vampiro había terminado con la vida de Nikki. Pero si todo tomaba el camino que yo intuía, lo mejor sería que ocultara aquella información. Había notado que ciertos detalles que yo había leído – en libros que Giles no sabía que yo había leído – nos eran ocultados a propósito por los profesores… como por ejemplo, quién había matado a Nikki Wood.
- Bueno, pero contadme más cosas. ¿Ya sabemos a qué nos enfrentamos? ¿Os han dado algún tipo de información sobre como vencerle? Seguro que en uno de los volúmenes del Inferno Pandemonium hay información…
- Nada. – dijo Nina.
- ¿Nada?
- Nada de nada – continuó la pelirroja, mientras cogía la punta de uno de sus rizos y la estiraba hasta el infinito – no sabemos a quién nos enfrentamos, ni cuando será la batalla, ni qué narices pasa con la gente que llega a la Academia y se reúne durante horas con los profesores cada noche.
- ¿Han llegado muchos nuevos?
- Treinta Cazadoras o más. Alguna veterana de la Batalla de la Boca del Infierno, creo. – me informó Isis. Mis ojos brillaron.
- ¿Está aquí…?
- No, ella todavía no ha llegado.
Chris nos miraba como si no acabara de entender lo que pasaba. Pero Isis conocía (como todas mis compañeras) mi interés desmedido por Buffy Summers. Siempre hacía preguntas relacionadas con ella. Al final, Chris se levantó y nos informó de que ella quería ducharse antes de la cena. Las demás estuvieron de acuerdo, por lo que Isis se marchó a su habitación y Chris y Nina cogieron sus útiles de limpieza y se dirigieron al baño. Aprovechando la situación, volví a sacar mi diario y repasé la lista de nombres de supervivientes de la Batalla de Sunnydale. Tal vez, aquella noche durante la cena, podría conocer a alguna de ellas…
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Aquella noche no tuve la ocasión de conocer a nadie. La cena transcurrió en una vorágine de comida, saludos y gente entrando y saliendo del comedor. No pude fijarme mucho en las Cazadoras mayores, ya que apenas pasaban algunos minutos en la sala, los suficientes para llenar sus platos y marcharse. Imaginé que estarían teniendo reuniones sobre temas importantes en otro lugar.
Una vez terminamos de cenar, las Estudiantes (al parecer ahora nos llamaban así para diferenciarnos de las que ya habían salido de la Academia) fuimos llevadas a la sala de actos. Según me comentó Chris mientras recorríamos los pasillos, aquello se había convertido en una costumbre desde que comenzaron los entrenamientos dos días atrás. Ya que las clases teóricas se habían eliminado del horario, cada noche antes de ir a dormir debíamos acudir a conferencias para conocer algunos de los detalles más importantes de la vida de las Cazadoras.
Cuando entramos en la sala, vimos como una mujer de largo cabello oscuro sentada sobre la mesa del orador conversaba con Giles, sentado correctamente en una silla. Me parecía reconocerla, pero no estaba segura de quien era, aunque por su porte dejaba claro que se trataba de una Cazadora. Una Veterana, seguramente. Cuando todas estuvimos sentadas, la mujer se dirigió a nosotras con una voz ronca y profunda.
- Mi nombre es Faith Lehane y soy una Cazadora.
Por la sala corrió un rumor de cuchicheos, mientras yo me quedaba sin aliento. Faith.
- Acabo de llegar de Cleveland, y el señor Giles me ha pedido que os de una pequeña charla sobre lo que ha significado para mí ser una Cazadora. Y bueno, aquí estoy. Nunca me he podido resistir a los hombres mayores.
Yo sonreí. Conocía la historia de Faith, o al menos lo que de ella había quedado recogido en algunos volúmenes, pero oírla contada por ella misma… era mil veces mejor.
- Creo que se por qué me han pedido que hable hoy aquí. – dijo Faith, mientras de un salto ágil y casi felino bajaba al suelo y comenzaba a caminar a lo largo del aula – Sé que muchas de vosotras tenéis miedo, y dudas. Y las que no creéis tenerlas, simplemente os estáis engañando. El miedo es algo importante… nos hace darnos cuenta de a lo que nos estamos enfrentando.
“Pero no quiero divagar. Ser Cazadora, a veces, puede ser una putada. – muchas chicas rieron – Lo reconozco, al principio es muy guay, toda esa fuerza, esa agilidad, ese… poder. Es embriagador. Te hace sentir capaz de todo. – mientras hablaba, Faith movía los brazos expresivamente, y sonreía con un cierto deje irónico – pero cuando te enfrentas a tus obligaciones, comienzas a dudar. A sentir que no eres capaz de llevar todo ese peso sobre tus hombros… y es posible que tomes algunas decisiones equivocadas… como yo.
Cuando yo me enfrenté a mis limitaciones y obligaciones morales como Cazadora, no supe manejarlo. Me dejé llevar por la parte fácil, por la parte divertida. Rechacé el sacrificio y caí en una espiral de oscuridad terrible. Hice cosas de las que me arrepiento: traicioné, mentí y maté. Se puede decir que me pasé al lado oscuro de la fuerza.
Pero gracias a la ayuda de muchas buenas personas, algunas de las cuales están hoy en este edificio, conseguí recuperar mi camino. Me di cuenta de lo que había hecho, de los errores que había cometido. Y pagué por ello. Porque una Cazadora tiene su fuerza para servir a los demás, no para aprovecharse de ellos. Porque no somos tan poderosas para cnseguir cosas en nuestro propio beneficio, sino en beneficio de los más débiles. De los necesitados.
Tenéis que ser fuertes. Dudaréis, tendréis miedo, pensaréis en abandonar. Os tentarán con falsas promesas, con riquezas, poder, fama… pero si decidís tomar ese camino, os equivocaréis. Al principio parece sencillo, divertido y gratificante, pero enseguida os daréis cuenta de que ese camino no os lleva a otro lugar que a la destrucción. Quedaréis anuladas, completamente perdidas. La oscuridad lo invadirá todo, y no desearéis otra cosa que la muerte.
Hacedme caso. No os dejéis engañar. Yo lo sé porque he pasado por ello y he tenido la suerte de volver de allí más o menos intacta… aunque cambiada. Y no es algo que le desee a nadie.”