Asamblea

Posted by angua on 12 abril 2005 in Relatos |

Terra se internó en el bosque, y se dirigió al río. Aún era temprano, y con un poco de suerte podría estar sola: los demás no se levantaban tan temprano. Caminaba en silencio en la semioscuridad del bosque. Notó que tenía la carne de gallina, y lo atribuyó al frescor de la mañana… ¿o tal vez se debía a su conversación con Lobo¿Realmente le había afectado tanto que él le dijera aquellas cosas?.

Llegó al río y se arrodilló junto a la orilla, en un pequeño meandro del río que formaba una suerte de estanque natural. Sumergió las manos en el agua helada y se limpió la sangre lo mejor que pudo. Se maldijo por haber salido corriendo de aquella manera: no había traído ropa limpia para cambiarse, y la que llevaba estaba manchada de sangre. Se limpió la cara , eliminando los restos de maquillaje de su rostro, y observó su borroso reflejo en la cristalina superficie.

Un ruido en la maleza la sobresaltó, y Terra se levantó de un salto. Una joven delgada y morena, de cabello corto y encrespado, surgió de entre los árboles, llevando una toalla.

“Lanza, me has asustado.” dijo Terra, sonriendo al reconocer a su amiga. Lanza era una cazadora, y posiblemente la mejor amiga de Terra en la tribu.

“Buenos días Terra. ¿Una mala noche?”

“Como siempre. Brisa al fin tuvo al niño, y Surco se rompió una pierna cazando roedores nocturnos.”

Lanza se echó a reir. Dejó la toalla sobre una roca y se quitó la ropa. Se metió en el agua sin vacilar, sin que el frío pareciera afectarla. Terra se soltó el pelo y lo peinó con los dedos, deshaciendo los enredos más importantes. Luego volvió a recogérselo más cuidadosamente, en un elaborado moño alto, dejando sueltos mechones estratégicamente colocados. Una pluma blanca que sacó de su bolsa completó el tocado.

“Los hombres están locos. Creen que arriesgándose estúpidamente son más valientes, pero la verdad es que lo poco que cazan en sus incursiones nocturnas no se puede comparar a lo que conseguimos yo y mis chicas.”

“Cougar debería decirles algo, pero a Lobo le permite cualquier cosa.”

Lanza se frotó el cuerpo con un puñado de hierbas, lo que dejó una leve pátina de espuma sobre su piel. Se enjuagó rápidamente y salió del estanque, secándose rápidamente. Con movimientos estudiados y precisos se puso sus flexibles ropas verdes, y se calzó las resistentes pero suaves botas.

“Habla con él.” respondió la cazadora, mirando a su amiga fijamente a los ojos. Lanza cogió un pequeño bote de maquillaje negro que había traído entre sus ropas, y se pintó con los dedos dos gruesas marcas en forma de arco que recorrían el contorno exterior de sus mejillas, desde el puente de la nariz hasta unirse casi bajo la barbilla. ” Me marcho. Si queremos celebrar el nacimiento del hijo de Brisa habrá que conseguir comida, y tengo muchas cosas que organizar antes de la asamblea.”

Lanza se marchó, y Terra se quedó sola. Recogió su bolsa y se dirigió de nuevo al poblado.

La luz del sol inundaba el campamento, y sus habitantes comenzaban ya a despertarse. Terra entró en la tienda de las medicinas y recogió las mantas donde había dormido aquella noche. La luz entraba por las pequeñas ventanas de tela, iluminando la estancia de forma tenue. Terra buscó su maquillaje y dibujó sobre su rostro sus marcas tribales. Tres puntos rojos bajo el ojo derecho. Una espiral blanca en la mejilla derecha. Se cambió la ropa sucia por sus resistentes pantalones de lona, una camiseta de brillantes colores y su querida cazadora marrón. Se colgó la bolsa de sanadora del hombro y salió de la tienda, dirigiéndose con paso firme hacia su propia tienda: la casa de Cougar.

Como siempre, llegó temprano, y como siempre, Lobo había llegado allí aún más temprano que ella. Cougar estaba de pie en el centro de la habitación, con el torso al descubierto, lavándose superficialmente. Su brillante melena oscura caía como una cascada sobre sus hombros. Un bulto en las pieles le indicó a Terra que Pearl aún dormía.

“Buenos días” musitó Terra.

“Buenos días” respondió Cougar, enérgicamente. “me han contado que tuviste una noche ajetreada ayer.”

Terra asintió como toda respuesta y acto seguido se dirigió a las pieles y suavemente despertó a Pearl. La joven apartó la maraña de cabellos rubios de su rostro, y abrió unos enormes y soñolientos ojos azules.

“Te he traído más té, Pearl. Se te debe estar acabando ya el del mes pasado¿no es cierto?”

Pearl miró la bolsa que Terra le tendía y luego subió su vista hacia ella, como si no comprendiera lo que le decía, hasta que el velo del sueño la abandonó definitivamente. Pearl sonrió dulcemente e incorporándose, besó a Terra en la mejilla.

“Gracias, Terra. No sé que haría si tú no estuvieras pendiente de mi. Voy a bañarme para que podáis celebrar vuestra reunión.”

La joven se levantó, cogió la bolsa de hierbas, se enfundó en una bata y salió al exterior. Terra notó que Lobo seguía a Pearl con la mirada, y centró toda su atención en Cougar. La tienda del jefe, su tienda, era la más grande del campamento, a excepción de la tienda común. En la esquina derecha se encontraban las pieles, ocultas en la semi oscuridad. Al otro lado, una gran mesa redonda con un puñado de sillas dominaba la habitación. Aquella zona estaba profusamente iluminada por pequeñas ventanas de tela translúcida. Ambos ambientes estaban separados por unos cuantos baúles y cestas que contenían los efectos personales del jefe y sus esposas, además de otras cosas de cierta importancia para la tribu. Nadie tenía permiso para entrar en aquella tienda a menos que hubiera sido invitado.

Terra se dirigió a la puerta y comenzó a enrollar la lona de la entrada para airear la estancia, mientras Cougar terminaba de arreglarse. Lobo la ayudó. Mirando los fuertes brazos del cazador, a Terra le costaba creer que él fuera un año menor. Evitó mirarle a la cara, ya que aún se sentía incómoda por la conversación que habían mantenido por la mañana.

Cuando terminaron, el aire fresco de la mañana entró en la tienda, refrescando el ambiente. Cougar, ya vestido, estaba sentado a la mesa y había servido un frugal desayuno para los participantes de la asamblea de la tribu.

Poco a poco comenzaron a llegar todos. Terra los observó uno a uno: Lanza, la representante de las cazadoras; Owl, el muchacho rubio que ejercía a veces de mano derecha de Cougar; Castor, el delgado y nervioso constructor; Bull, el poderoso guerrero y centinela; Rosa, la Plantadora. Todos se sentaron a la mesa, dejando vacíos los asientos que había a ambos lados de Cougar: aquellos los ocupaban Lobo, el hermano de sangre del jefe, y ella misma, esposa del líder y curandera de la tribu.

Una vez estuvieron sentados, Cougar levantó la vista de la mesa y les miró a todos con sus oscuros ojos negros.

“Bienvenidos a mi hogar. Da comienzo la asamblea de nuestra Tribu. Sentíos libres de exponer vuestras peticiones.”

Viendo que nadie se atrevía a comenzar, Terra tomó aliento.

“Esta noche ha nacido un nuevo miembro. Brisa, esposa de Junco, ha dado a luz a un niño.”

“¡Eso es una buena noticia!” exclamó Owl “parece que nuestra tribu crece.”

“Yo no opino lo mismo. Es cierto que los niños son la evolución lógica de nuestra situación, pero creo que deberíamos controlar más los nacimientos. Brisa apenas tiene catorce años, y el parto ha sido duro. El niño está sano, pero es muy pequeño. Si Brisa hubiera esperado un par de años más para quedarse embarazada…”

“¿Acaso pretendes decirnos cuando podemos tener a nuestros hijos?” inquirió Bull, tiñendo su tono de voz de una velada amenaza. Terra y Bull nunca habían congeniado.

“Lo que intento decir es que aunque vivamos como adultos, muchos de los nuestros todavía son niños. Hay leyes naturales que no podemos ignorar. Brisa ni siquiera había terminado su crecimiento, y su embarazo la ha dejado exhausta y débil. Si hubiera sido un poco mayor, todo habría sucedido de forma más sencilla.”

“¿Y qué vamos a hacer entonces¿Prohibir las relaciones?” dijo Owl “Cougar, sabes que muchos no van a aceptar.”

“Por supuesto que no.” interrumpió Terra “Yo preparo un té que evita el embarazo…”

“Muchas mujeres no se sienten seguras con ese té. Creen que podría evitar que concibieran más adelante. Además, para muchos de los hombres el que su mujer no conciba es una vergüenza” apuntó calmadamente Rosa. Lanza profirió un chasquido de desagrado. Terra contestó con voz clara, comenzando a sentirse atacada.

“El té es inofensivo. Mi abuela lo preparó durante años. Pearl y yo lo tomamos, todos lo sabéis, y no nos pasa nada.”

“Bull tiene razón en una cosa. No debemos obligar a nadie a hacer nada que no desee. Las mujeres que no deseen tomar el té, no lo tomarán.” dijo Cougar. Bull le lanzó a Terra una sonrisa de complacencia. “… pero estoy de acuerdo con Terra en que los partos a según que edades pueden ser muy peligrosos. En la edad media, muchas mujeres perdían la vida por ese motivo”

El silencio se hizo en la tienda tras la intervención de Cougar. Terra le lanzó una mirada de disconformidad a su marido.

“En ese caso debemos pensar en otras formas de evitar que las mujeres se queden embarazadas… al menos las más jóvenes.”

Lanza asintió.

“Hablaré con los hombres.” dijo Cougar “Vosotras informad a las mujeres. Cada uno deberá ser responsable de sus propias acciones. Las menores de dieciséis años no deberán quedarse embarazadas, como medida para su propia salud. Si usan tu té o algún otro remedio, será decisión suya.”

La asamblea continuó sin muchos más enfrentamientos. Se habló de los nuevos cultivos que Rosa pretendía llevar a cabo, de reforzar la seguridad de cara a la llegada del invierno, cuando algunas tribus hambrientas podrían intentar atacarles para robarles la comida, de la organización de la caza, de la reforma del conducto que proveía al campamento de agua caliente… Terra notó que Lobo no le quitaba la vista de encima, y evitó en todo momento que sus miradas se cruzaran. Lanza no tardó en darse cuenta de ello.

Terra centró su atención en la reunión, maravillándose de nuevo de un aspecto importante de la capacidad de liderazgo de Cougar. Él no tomaba las riendas de todas las decisiones, si no que escuchaba a los interesados y les hacía ver que las soluciones estaban en lo que ellos mismos proponían sin darse cuenta. La virtud de Cougar es que sabía rodearse de gente capaz, y sacar lo mejor de ellos.

Una vez terminada la reunión, todos se dirigieron a sus quehaceres diarios. Terra se quedó en la tienda, a solas con Cougar. Éste la miró, sonriente y curioso. Sus marcas tribales blancas contrastaban poderosamente con sus ojos y su cabello, y le daban un aspecto terriblemente atractivo. Terra no pudo evitar sufrir un pequeño escalofrío: en ocasiones como aquella, recordaba que no era sólo por cuestiones políticas por lo que había accedido a casarse con él.

“¿Tienes algo más que decirme, Terra?”

“Si, pero es algo privado y no quería que los demás interfirieran. Sé que quieres a Lobo, que confías en él porque es tu hermano de sangre.”

“Me salvó la vida, como hiciste tú una vez. Por eso os mantengo a mi lado, y confío en vuestra palabra.”

“Lo sé, pero no deberías permitírselo todo. Un cazador tuvo un accidente anoche, mientras estaba de cacería nocturna. No fue muy grave, pero podría haber muerto. No deberías ser tan flexible con las aventuras de Lobo.”

Cougar reflexionó.

“De acuerdo, hablaré con él. De todas formas, Lobo sabe lo que se hace.”

“No tengo miedo por él. Sé que es capaz de salir de cualquier situación, pero su entusiasmo puede arrastrar a otros que no estén tan capacitados como él.”

“Tienes razón. Se lo comentaré. ¡Soy un blando! No puedo evitar darle a Lobo todo lo que quiere, y no puedo negarme a nada que mi querida esposa me pida. ¿No hay nada más que desees¡Pídeme lo que quieras!”

El corazón de Terra comenzó a latir con fuerza. Multitud de deseos se agolparon en su garganta, deseando salir, atraídos por la mirada oscura del muchacho, por el recuerdo de su suavemente musculazo torso.

“Nada más.”

Terra abandonó la tienda antes de que Cougar pudiera notar su azoramiento. Y luego, mientras clasificaba hierbas medicinales, pensó que había sido una idiota al avergonzarse por desear un beso de su marido.

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