Fuscuros

Posted by angua on 26 abril 2007 in Relatos |

Aquí hay algunas reglas que debes cumplir si quieres seguir vivo. O espíritu.

La primera es nunca ir hacia la luz. Todas esas chorradas new age no son más que mentiras. Si vas al otro lado de la luz, nunca vuelves, así que nadie sabe lo que hay pero no tiene que ser muy bueno porque de ahí vienen los Fuscuros.

La segunda regla es evitar a los Fuscuros. Dicho así parece sencillo pero no lo es. Muchos de nosotros no han visto un Fuscuro en la vida. Es muy posible que tampoco los llamen así. Fuscuros es como los llamaba Rolando, el mentor de Garrido, que fue el mentor de Olivia. Y Olivia me lo enseñó a mí. He oído a otros que hablan de las Sombras o los Espectros, pero todo viene a ser lo mismo. Fuscuros.

El deporte favorito de los Fuscuros es cazarnos. Los Fuscuros no suelen aventurarse entre zonas porque aquí nosotros somos más, y más poderosos, y ellos no son inmortales. Pero en el mundo de los vivos… ah, eso es otra historia. Ahí los Fuscuros son los amos y señores de lo inmaterial. El noventa por ciento de los que han sido capturados por los Fuscuros se encontraban en el mundo de los vivos en ese momento.

Es por eso que las posesiones permanentes son peligrosas. Cuanto más tiempo pases en un cuerpo vivo, más fácil le será a un Fuscuro rastrearte y capturarte. Y cuando un Fuscuro pone sus manos sobre ti, no hay escapatoria: te lleva hacia la luz y no se te vuelve a ver jamás.

Sería muy fácil, pensaréis, quedarse entre zonas para evitar a los Fuscuros. Es cierto, esa es una forma de asegurarte la supervivencia. Pero los deseos de visitar el mundo de los vivos son tan increíblemente fuertes que casi nadie se resiste a ellos. Olivia jamás volvió al mundo de los vivos tras su muerte, y tampoco Garrido. Pero ellos son excepciones.

Pero queda el diez por ciento de los que son atrapados por los Fuscuros. Ese diez por ciento que sufrió la mala suerte de ser capturado en una de las pocas incursiones que los Fuscuros hacen entre zonas. Garrido fue uno de ellos. Jamás había visto un Fuscuro, sólo sabía lo que Rolando le había explicado. Pese a aquello, cuando se encontró con un Fuscuro lo reconoció al momento. Y jamás se volvió a saber de él.

Olivia siempre intentó que yo no volviera al mundo de los vivos. Pero ella había muerto en la cama, sin dolor, y yo aún no tenía muy claro como había sido mi muerte, aunque sospechaba algo repentino y muy doloroso. Necesitaba ver como seguía todo allí. Sentirme unida de alguna forma a mi vida. Pero era prudente, y mis posesiones nunca se alargaban más de trece minutos, el tiempo de seguridad que Rolando había calculado.

Trece minutos de vida de tanto en tanto es mejor que nada. ¿Pero vale la pena arriesgarse a morir definitivamente por ello?

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