Encerrada en una torre
Mi ascensor se ha tirado un mes sin funcionar. Eso no sería tan grave si no viviera en un sexto piso, que es un séptimo real.
Trabajo en casa, pero me hice la promesa de bajar (y volver a subir, claro) como mínimo una vez al día. Para comprar, para ir a hacer recaditos, para dar una vuelta, lo que fuera. Para acostumbrarme, vaya. Así cuando salíamos el fin de semana y volvíamos a las dos o las tres no se hacía tan dura la cosa. Pero resulta que a lo que me he acostumbrado es a no salir.
Desde el lunes ya funciona el ascensor. Pero me he dado cuenta de que no “quiero” bajar a la calle. Me he acostumbrado tanto a mi oficina desordenada con el calefactor al lado que me cuesta hasta ir al comedor a comer… vale, de eso también tiene la culpa el frío que he sentido últimamente, no sé si por la falta de actividad o porque mi piso es muy alto y corre un aire que no veas, pero llevo una temporadita con las manos y los pies helados.
Pues eso. Hay que obligarse a salir. Y recuperar mis bonitos horarios, con lo majos que eran y ahora los estoy retorciendo… por lo menos eso se consigue con fuerza de voluntad, que lo del frío no hay más huevos que arrimarse a la estufita. O vestirse en plan cebolla, a capas, que también lo hago.
Estoy leyendo literatura juvenil. Y me ha dado por pensar que no recuerdo que en mi época de joven “existiera” la literatura juvenil. Es decir, tenías literatura infantil, El barco de vapor hasta los 12 años (aunque yo me los leía antes, me sentía super mayor leyendo los libros de 12 años a los 9 o a los 10), alguna novela suelta, y luego ya era campo abierto. Pilla lo que encuentres. Pero ahora hay cienes y cienes de títulos escritos específicamente para enganchar a la gente de catorce a dieciséis años, más o menos, con temas que se supone que les interesan, y con protagonistas con los que se pueden sentir identificados y que, personalmente, a mi me dan miedo.
Por otro lado, la gran mayoría de los que me toca leer son medio fantásticos, y me ha dado por pensar que hoy en día todos los niños de doce o trece años en adelante (y menos, y menos) saben lo que es un orco o un elfo. Yo en mi época lo pasaba fatal intentando explicar a mis compañeros estas cosas tan complicadas… pero cualquier microbio de hoy en día sabe que los elfos y los enanos no se llevan muy bien, que los orcos son malos y que los trolls se convierten en piedra cuando les da el sol (vale, eso nos lo enseñó David el gnomo…) y que los goblins no son peligrosos hasta que vienen en manada. Y entonces corre.
¿Es producto de mi imaginación? ¿En “nuestra” adolescencia, es decir, hace diez o doce años, había tantos libros de ese estilo y yo lo he olvidado, o nunca los leí?
A ver, “literatura juvenil”, clasificada como tal, la ha habido siempre. Lo que pasa es que, o bien eran cosas más bien olvidables (no tanto por ausencia de calidad literaria, sino por puro ñoñerío en estado puro), tipo Enid Blyton y similares, o bien no eran cosas escritas ex-profeso, sino más bien folletín o ciencia ficción/aventura clásica (Verne, Stevenson, Dumas, Sabatini…). Y justamente esos últimos son autores que en los últimos veinte-treinta años (es decir, durante nuestra adolescencia) se han reivindicado y dignificado como los grandes de la literatura que son. Y ahora nos cuesta pensar en ellos como “literatura para adolescentes”, pero durante mucho tiempo nutrieron cientos y cientos de colecciones de “literatura juvenil”.
Además, está el factor socioeconómico: nuestra generación todavía sufrió las rémoras del franquismo y su censura (y, en movimiento pendular, del boom cultural de los primeros ochenta, que se dirigió a los tardoadolescentes, no a los neoadolescentes), de la crisis del petróleo y del baby boom. Había muchos niños (con lo que eramos los reyes de la casa… hasta cierto punto), la situación económica no era como para tirar cohetes en crear cosas nuevas (pudiendo tirar de reediciones de los clásicos que no pagaban derechos de autor), y el esfuerzo cultural estaba focalizado en otras cosas.
O igual tienes razón y esto es sólo una paja mental de las mías, vaya…
molan, el post y el comment. Yo ya se que no sirvo de ejemplo y tal, porque leia pero no tanto, pero es cierto que en unos 3-4-5 años he notado que, por ejemplo, en la revista del circulo o en algunos catálogos editoriales van augmentando considerablemene los títulos juveniles… Aunque eso seguro que es culpa de Harry y su filón.
Bueno… Yo la verdad es que sí recuerdo haber leído de “peke” (12-16 años) libros en los que salieran elfos, enanos, trolls y demás. Vale que muchos los conocí en casa de mi tía, que no tenía precisamente libros de “literatura juvenil”, pero en la biblioteca de mi pueblo sí había unos cuantos de esa temática, incluso unas primeras ediciones de aquellos famosos “elige tu propia aventura” basados en D&D (ahí conocí a los famosos cubos gelatinosos) calificados en portada como “juvenil”. O tal vez sea que mi memoria vuelve a jugarme una mala pasada y mezclo fechas (que todo puede ser, me pegué todas las tardes ahí metida desde que puedo recordar hasta que salí del pueblo a estudiar fuera).