14 días
A menudo me pasa que las ideas me suenan mejor en la cabeza. Creo que es algo que nos pasa a todos los que escribimos, que se nos ocurren las “mejores” ideas cuando estamos por la calle, en la piscina, en la ducha… vamos, cuando no es el mejor momento para coger una libreta y apuntar esa genialidad.
En mi caso me pasa cuando friego platos (true story, de hecho el nombre no oficial de la sociedad de locas guionistas a la que pertenezco es Fairy, así que imaginad), o cuando estoy cocinando. Si no estoy escuchando un audiolibro, me dedico a repetir como un mantra en mi cabeza esa frase genial, esa escena perfecta, hasta que puedo echar mano de un cuaderno o un teclado.
Pero a veces es demasiado tarde.
Por eso lo que mola del Nano es que a menudo la inspiración te viene cuando escribes. No sólo porque, sin duda, cuanto más interés y trabajo pongas en una novela más rápido volarán las ideas, como si fueran piezas que van rellenando un puzzle. Es que además te pasas tantas horas sentada delante del ordenador que es normal que tarde o temprano te caiga una idea del cielo.
Una de las cosas que he deseado siempre, desde que era una adolescente, es una buena grabadora. En el instituto tuve grabadoras durante años, y las usaba para un montón de cosas. Me montaba mis propios programas de radio, grababa trozos de películas, durante un mes estuve intercambiando correspondencia en cinta con una amiga. Pero claro, si vas por la calle hablándole a una grabadora tienes varios problemas. Primero, que la gente se crea que estés loca. Segundo, que el ruido de fondo es terrorífico. Ahora hay aparatos para grabar que supongo que deben ser mejores que una grabadora de cinta, pero nunca me he atrevido a comprar uno, casi siempre por el precio.
Lo ideal sería una grabadora que grabara la mente, claro, las ideas. Fantaseaba con eso de pequeña, con una máquina a la que pudiera indicarle que pensamientos registrar. Ahora hay micrófonos de esos estilo manos libres que (si tienes un reproductor mp3 que grabe) darían bastante el pego. Me gustaría tener uno (de cada, se entiende, un microfono y un ipod que grabe) pero me da miedo que sea un capricho tonto y no sacarle todo el jugo.
Bueno, 14 dias para ti, 29 para mi, Espero que aproveches la ventaja que me vas a sacar, maldita bruja.
Cuando vuelva de mis viajes seré más sabio y habré visto cossas increibles, y será el momento de comenzar el nanowrimo extreme. El mismo número de palabras, la mitad de tiempo.
Por cierto. Acaba tu novela del año pasado. La vamos a editar y lanzar para el salón del cómic. La tuya y la mia. Y si me puedo escapar a escondidas y escribir algo entre el 1 y el 14 sin que me pille la malerrima…
Besos
14 dias? que me he perdido? no son 11?
a, vale. 14 pa ti, 11 para mi hoy.
Jo que mal…
No sé si la acabaré para el Salón, pero me imagino que no. A la que voy a escribir este año le tengo más cariño, y creo que puede ser mejor y más “vendible”… Así que voy a intentar ir a lo pro.
A mí se me ocurren cuando conduzco y cuando me he metido en cama e intento dormir. Qué pereza da levantarse a por la libreta!
Da mucha rabia, lo de las historias que se te ocurren cuando estás a punto de caer dormida es un rollo, porque si te levantas te desvelas, pero si te duermes se te olvidan…
Yo una de las cosas por las que más he lampado era un grabador de sueños…
Y si estás acostumbrada a usar grabadora, date el capricho y cómpratela. Yo alguna vez he usado una que tenía y después la grabadora del móvil, pero es que soy más de letra que de palabra y nunca he dejado de sentirme un pelín incómoda.