Cinco días en Camerún – Tres

Posted by angua on Mar 11, 2009 in Mundo |
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Comenzamos la mañana del martes uniéndonos al selecto club de los ejecutivos de hotel: esas tristes y trajeadas criaturas que se encuentran en todos los hoteles, con los portátiles encima de las piernas porque las mesas son demasiado bajas, hablando por teléfono y buscando una wifi como almas en pena. Como nosotros, vamos. El chófer llega una hora tarde a recogernos, con lo que el curso empieza también con ese retraso.

Por suerte la sala donde vamos a dar el curso tiene un buen aire acondicionado y un proyector de puta madre, así que la mañana se pasa rapidito y media hora más tarde de lo previsto salimos a comer todos en grupo a un restaurante pijeras en el centro. Pese a nuestras reticencias, nos vemos semiobligados a comer aguacate pelado y cortado. De hecho uno de los anfitriones nos lo enseña en plan “mirad, esto es a-gua-ca-te” y yo le respondo así como muy sonriente que “en españa también tenemos de eso”. Pero no tan rico. Lo mismo con la fruta de postre, nos previnieron contra la fruta pelada y cortada por otros, pero hay que apechugar y caen un par de trozos de la piña más dulce y jugosa que he comido, y un par de papaya.

Nada más entrar en el restaurante vemos un gatito, muy cachorrín, deambulando entre las mesas con una mezcla de miedo y confianza. No sabemos si es de alguien del restaurante, si se ha colado por las terrazas abiertas que dan a la calle o si es parte del menú. En un momento dado se pasea por debajo mío y yo tengo que resistir las ganas de acariciarlo porque también nos previnieron contra mordiscos y arañazos de mamíferos. Joan me comenta que es un gato muy pequeñín, no puede ser muy agresivo… pero luego añade que también es cierto que estamos malacostrumbrados con el gato de Adrik, Conan, y que nos pensamos que todos los gatos son peluchines, cuando no es así. “Es que si Conan te araña no te pega la Rabia, te pega la Pereza”.

A la vuelta vivimos una experiencia escalofriante: el chófer se mete en una gasolinera, apaga el motor… y cuando llega el chico con la manguera LO VUELVE A ENCENDER. Repostar gasolina con el motor encencido, deporte de riesgo. Igual que conducir por Yaoundé más o menos.

Después de comer arrancamos con la parte práctica del curso y yo intervengo un poquito más. Básicamente hoy he hecho tareas de apoyo a Joan, y mañana posiblemente esté un poco más por mi cuenta. Hay un pequeño problema con el aire acondicionado pero al final lo recuperamos. La gran mayoría de alumnos solo hablan francés, y el inglés lo entienden así asá, por lo que uno de los asistentes, al que ya conocemos porque vino a España para otro curso de formación y habla inglés sin problemas, hace de traductor para las dudas más importantes. La conclusión final es positiva, uno de los alumnos cambia uno de los banners de publi de la web de prueba por su cuenta, lo que significa que al menos uno ha entendido como funciona.

De vuelta al hotel decidimos relajarnos un poco con unas Piñas Coladas (Piña coladas? Piñas colada?) antes de ponernos a preparar la entrevista de mañana y dos o tres cosillas de curro más. Aún tenemos que decidir si cenamos en la habitación o en el restaurante, y seguramente nos terminaremos la sexta temporada del Ala oeste esta misma noche.

Mañana: nos atreveremos a probar los buñuelos que nos encontramos cada día en el desayuno (estamos hartos de los mismos croissants y brioches cada dia) ya que hoy hemos tenido una preview en la comida y no estaban nada mal.

2 Comments

La Petite en Belgique
Mar 11, 2009 at 11:49 am

Eso de repostar con el motor puesto y faros encendidos también lo he visto en Egipto, además de otras cosas que te dejan helado.

También he visto gatitos en restaurantes. Están ahí por la comida y uelen ser inofensivos :)


 
Conan
Mar 11, 2009 at 3:32 pm

Mooooiiiiiau!


 

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