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Karma Instantáneo

Posted by angua on 6 septiembre 2010 in Mundo |
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Volvíamos de Madrid, de la boda de los fantásticos y encantadores Zarajota y Lorzagirl. El vuelo de Iberia salía de Madrid a las 22:30. Al hacer el check-in, una chica majísima al ver la altura de Joan nos dijo que aunque preferia no ponernos en salida de emergencia (mejor, porque aunque tienes más espacio para estirar las piernas los asientos son más estrechos) nos iba a poner en las filas de atrás, a uno en la ventana y al otro en el pasillo, porque «nadie suele pedir el asiento del medio solo y teneis muchos puntos de ir solos en la fila porque el avión no se va a llenar».

Llega la hora de embarcar, subimos al avión y recibimos un mensaje de un amigo que volaba con Iberia dos horas antes. Que les han informado de un retraso de hora y media una vez subidos al avión. Le preguntamos a una azafata bastante maja que si esto nos va a pasar también a nosotros y ella se toma la molestia de llamar para preguntar: en principio no hay problema. También nos ofrece toallitas perfumadas y servilletas para refrescarnos, porque entre el calor y todo estamos un poco agobiados.

Al cabo de cinco minutos llega un chico con una enorme y apestosa bolsa del McDonalds, a sentarse en el asiento del medio. Su novia está sentada en el asiento del pasillo del otro lado de la fila. Joan le dice que si quiere le dejamos el asiento de ventanilla, para que no tenga que estar entre los dos. Él va y nos dice «prefiero el de pasillo, porque mi novia tiene miedo a volar».

Nosotros le explicamos que Joan necesita espacio para estirar las piernas y por eso se sienta en el pasillo, y la novia, bastante borde, nos dice «pues me siento yo en medio y os poneis vostros uno en cada pasillo».

Yo le intento explicar que Joan y yo preferimos ir juntos porque asi yo levanto el reposabrazos y Joan tiene un poco más de espacio de mi asiento para acomodarse mejor, pero la chica es bastante borde y refunfuña todo el rato. Yo le digo que si lo prefiere, me quedo yo en la ventana y Joan en el pasillo y dejamos a su novio en medio, en el asiento que le corresponde. El novio decide sentarse en la ventana, con su bolsa apestosa de McDonalds, y me suelta «pues lo siento pero voy a beber mucho asi que me voy a levantar varias veces para ir al baño».

La azafata simpática se acerca a nosotros y nos dice que va a intentar encontrarnos otro sitio, y efectivamente, al minuto nos llama y nos pasa para adelante: una fila de tres vacía justo detrás de la clase bussiness, con muchísimo más espacio para estirar las piernas y sin vecinos con bolsas de comida apestosas. Joan y yo nos acomodamos bien anchos y de repente oímos las palabras mágicas «salimos con retraso».

Un azafato nos cuenta que hay media hora de retraso por temas de restricciones en los despegues, y la azafata simpática nos busca con los ojos y nos lanza una mirada de «pues teníais razón». Por suerte la media hora de espera (que en realidad terminan siendo cuarenta minutos) se pasa rápido y despegamos sin problemas, aunque más tarde de lo previsto.

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